LA PREVENCIÓN SÍSMICA A DEBATE

 

Artículo realizado a petición de la Redacción del Periódico después del terremoto de Japón y que resultó en ciertos aspectos premonitorio ante los seísmos que se producirían en Lorca cincuenta y un días después de su publicación.

 

Teniendo en cuenta que Murcia se encuentra situada en una de las zonas de mayor riesgo sísmico de la península, ¿Nos encontramos preparados para afrontar un terremoto de importancia, que, como muchos expertos vaticinan, tarde o temprano se producirá? ¿En caso contrario, qué medidas, qué políticas deberíamos implementar para estar razonablemente preparados?

La reciente tragedia de Japón, producida por el terremoto de magnitud 9 y el tsunami originado al situarse el hipocentro bajo el lecho marino nos recuerda la existencia del riesgo sísmico en nuestra Región y consecuentemente la verificación de las medidas de protección y de cautela que adoptamos frente a ese riesgo.

Efectivamente, nuestra Región, en su mayor parte (exceptuando la zona cercana a la ciudad de Cartagena y las sierras del noroeste) se encuentra situada dentro del área con aceleración sísmica básica entre 0’08g y 0’16g, definida en el Mapa español de Peligrosidad Sísmica contenido en la Norma de Construcción Sismorresistente.

Este mapa contiene el resultado, expresado en términos de aceleración sísmica básica (valor característico de la aceleración horizontal de la superficie del terreno) correspondiente a un periodo de retorno de 500 años, para cada uno de nuestros municipios, y se obtiene a partir del tratamiento estadístico-científico de los registros de los movimientos sísmicos conocidos y las características geológicas del terreno (Véase SISMIMUR - Mapas de Peligrosidad Sísmica)

Se establecen pues en la Normativa de aplicación (la Norma NCSE española) las condiciones de las estructuras de edificación de acuerdo con la evaluación del riesgo sísmico y los modos de diseño, cálculo y construcción en función de las características específicas de cada edificio, para minimizar dicho riesgo disponiendo los materiales y su configuración en la forma más adecuada para soportar las posibles acciones sísmicas.

La Normativa actual NCSE-02 y NCSE-94 sustituyó a la anterior Norma PGS1 Sismorresistente de 1968 (modificada por la PDS1 de 1974) que se venía aplicando desde entonces. Con anterioridad, aunque no existían normativas especiales, es cierto que los sistemas y procedimientos de cálculo y construcción tradicionales venían teniendo en cuenta el riesgo sísmico atendiendo a la memoria de acciones anteriores y se tenían en cuenta procedimientos y sistemas de dimensionamiento y construcción (simetría, distribución de cargas, refuerzo y anclaje de elementos constructivos, etc.) incorporados desde siempre a la Arquitectura.

Si embargo la construcción estructural moderna, con la consideración de los conocimientos científico-técnicos que las Normas citadas suponen e incluyen en el cálculo y diseño de nuestras construcciones, entiendo que nos ofrecen un margen adecuado y suficiente de seguridad ante las previsibles acciones sísmicas.

Un sencillo análisis comparativo de los daños y consecuencias habidos en los terremotos sufridos en la Región, según los registros históricos conocidos, muestran la mayor intensidad de los daños acaecidos en las construcciones isostáticas tradicionales que en las estructuras más recientes en las que se integran las condiciones de cálculo y monolitismo constructivo derivadas de la aplicación y cumplimiento de la Normativa Sísmica. Los sismos de 1999 y 2005 de magnitudes en torno a 5 y 5’5 de la escala Richter y sus consecuencias así lo muestran con unos daños relativamente pequeños frente a los producidos por los sismos de 1911 o 1948 de parecidas magnitudes pero con una incidencia destructiva muy superior (Véase SISMIMUR Análisis de Vulnerabilidad)

El terremoto de Haití de efectos devastadores tanto para las personas como para las edificaciones no alcanzó la magnitud de terremoto de Japón, (que resulta ser probablemente el más importante, en términos de magnitud, de todos los conocidos) y sin embargo, los daños producidos directamente por este último han sido considerablemente menores (la mayor parte de la tragedia ha sido producida por el tsunami) Los mecanismos de protección frente a los terremotos en Japón han demostrado su eficacia.

De manera que, en mi opinión, las medidas que venimos adoptando los arquitectos, especialmente en los últimos cuarenta años, con el cumplimiento de la normativa antisísmica, el diseño de estructuras monolíticas con elementos sismorresistentes y el incremento de los controles de calidad tanto estructurales como constructivos en general, ofrecen un amplio y suficiente margen de seguridad en nuestra Región ante el riesgo sísmico previsible.

Recuérdese que la frecuencia de terremotos de pequeña o media magnitud (como viene sucediendo en la Región en los últimos tiempos) aleja teóricamente el riesgo de un sismo de mayores proporciones, pues la liberación de la energía procedente de las fallas tectónicas mediante pequeños impulsos evitaría la excesiva acumulación que podría dar lugar a terremotos de gran intensidad.

Qué duda cabe que incluso con la adopción de tales prevenciones y en nuestras circunstancias podrían producirse determinados y localizados daños con ocasión de un posible sismo de carácter excepcional. Ante dicha posibilidad es preciso prever y adoptar protocolos y planes de intervención rápida que, mediante la contribución coordinada de todos los medios disponibles, permitan minimizar los daños y resolver de la mejor forma las contingencias que pudieran producirse.

En nuestra Región disponemos del excelente Plan Especial de Protección Civil Ante el Riesgo Sísmico diseñado y coordinado con dicha finalidad – SISMIMUR (http://www.112rm.com/dgpc/planes/sismimur/sismimur.php).

Al igual que ya ha sucedido con ocasión de anteriores terremotos, el Colegio y los Arquitectos de nuestra Región estamos a disposición de la sociedad , aplicando las normas y medidas adecuadas a nuestros cálculos y construcciones e interviniendo de inmediato en los casos necesarios, con todos nuestros medios y conocimientos, para contribuir a minimizar el riesgo y los daños sísmicos.

Antonio García Herrero

Marzo de 2011